Somos tierra, nuestro cuerpo físico.
Somos agua, nuestras emociones.
Somos aire, nuestros pensamientos.
Y somos fuego… la chispa sagrada que nos da vida.
Cuando nos conectamos con la Madre Tierra, algo profundo en nuestro interior despierta, se ordena y se transforma.
Respira, siente y vuelve a tu esencia.
Permite que la magia de la naturaleza te envuelva,
y te guíe hacia un nuevo renacer.
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